miércoles, 11 de mayo de 2016

Política de pan y circo: populismo e ineptocracia.

La política nace con el sujeto y su proceso de socialización, donde la necesidad de interactuar hace posible el establecimiento de medios idóneos para ejercer la participación y representación política. Desde esta perspectiva, es conveniente precisar la función del líder, más allá de su influencia, en cuanto a la definición y aplicabilidad de métodos y estrategias que realmente se traduzcan en la efectividad, calidad o eficiencia de todas las acciones propias del órgano político que representa, siendo esto un marco referencial de los llamados gobiernos populistas, cuyo sistema permite hacer una conversión directa a la ineptocracia.
Así mismo, es oportuno poder indicar de qué se trata cada uno: en el caso del populismo, muchos autores y estudiosos del hecho político han insistido en esta definición como una corriente ideológica inherente al pueblo, es decir, se reivindica el valor social del Estado; sin embargo, otros distinguen un populismo negativo y este tiene que ver con el uso de medidas destinadas a captar la simpatía del ciudadano para traducirlo en votos y de esta forma lograr una permanencia en el poder. De cualquier forma, el sistema populista del Estado busca hacer de la gestión un modelo social que simpatice con el pueblo.
Por su parte, la ineptocracia también guarda relación con el sistema de gobierno, pero en este caso, se cuestiona la capacidad de los funcionarios públicos para el ejercicio de la función pública o lo que es igual, representantes que no garantizan gestiones reales sino sentidas. Sobre este particular es conveniente aclarar que en la actualidad, algunos gobiernos buscan trabajar desde el sentimiento y necesidad particular y no colectiva.
Ante este planteamiento, es propicio proponer un ejercicio reflexivo partiendo del nivel de conocimiento que posee el ciudadano al momento de seleccionar a sus candidatos y la capacidad de compromisos de éstos, una vez elegidos, para hacer de la política un medio donde el bienestar común sea la premisa; de qué manera el ciudadano valora la gestión, considerando que no son acciones simplistas las que verdaderamente promueven el desarrollo de un país; y, cómo se puede transformar el escenario social cuando no existe responsabilidad y compromiso político.
Sin duda alguna que el exceso de populismo e ineptocracia es dañino, no menos cierto es que el personalismo y mediatización en la gestión pública hacen un esfuerzo considerable para que los cargos públicos se conviertan en el mejor espacio para promover acciones partidistas apoyadas en el pan y circo, es decir, medidas para apaciguar y distraer a la población, desviando su atención en las políticas públicas fracasadas o sin éxito alguno, para ocultar la poca capacidad del funcionario para afrontar el tema de la gestión pública responsable.
Ante este escenario vale la pena recordar que no solo de pan vive la gente y no será un héroe el que podrá resolver todo… La convergencia de ideas y acciones es la característica más resaltante del acto político, donde lo repito, el protagonista es la sociedad.
Lcda. Lelimar Narváez
Politólogo
Twitter: @lelimarnarvaez


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