La política nace
con el sujeto y su proceso de socialización, donde la necesidad de interactuar
hace posible el establecimiento de medios idóneos para ejercer la participación
y representación política. Desde esta perspectiva, es conveniente precisar la
función del líder, más allá de su influencia, en cuanto a la definición y
aplicabilidad de métodos y estrategias que realmente se traduzcan en la
efectividad, calidad o eficiencia de todas las acciones propias del órgano
político que representa, siendo esto un marco referencial de los llamados
gobiernos populistas, cuyo sistema permite hacer una conversión directa a la
ineptocracia.
Así mismo, es
oportuno poder indicar de qué se trata cada uno: en el caso del populismo,
muchos autores y estudiosos del hecho político han insistido en esta definición
como una corriente ideológica inherente al pueblo, es decir, se reivindica el
valor social del Estado; sin embargo, otros distinguen un populismo negativo y
este tiene que ver con el uso de medidas destinadas a captar la simpatía del
ciudadano para traducirlo en votos y de esta forma lograr una permanencia en el
poder. De cualquier forma, el sistema populista del Estado busca hacer de la
gestión un modelo social que simpatice con el pueblo.
Por su parte, la
ineptocracia también guarda relación con el sistema de gobierno, pero en este
caso, se cuestiona la capacidad de los funcionarios públicos para el ejercicio
de la función pública o lo que es igual, representantes que no garantizan
gestiones reales sino sentidas. Sobre este particular es conveniente aclarar
que en la actualidad, algunos gobiernos buscan trabajar desde el sentimiento y
necesidad particular y no colectiva.
Ante este
planteamiento, es propicio proponer un ejercicio reflexivo partiendo del nivel
de conocimiento que posee el ciudadano al momento de seleccionar a sus
candidatos y la capacidad de compromisos de éstos, una vez elegidos, para hacer
de la política un medio donde el bienestar común sea la premisa; de qué manera
el ciudadano valora la gestión, considerando que no son acciones simplistas las
que verdaderamente promueven el desarrollo de un país; y, cómo se puede
transformar el escenario social cuando no existe responsabilidad y compromiso
político.
Sin duda alguna
que el exceso de populismo e ineptocracia es dañino, no menos cierto es que el
personalismo y mediatización en la gestión pública hacen un esfuerzo
considerable para que los cargos públicos se conviertan en el mejor espacio
para promover acciones partidistas apoyadas en el pan y circo, es decir,
medidas para apaciguar y distraer a la población, desviando su atención en las
políticas públicas fracasadas o sin éxito alguno, para ocultar la poca
capacidad del funcionario para afrontar el tema de la gestión pública
responsable.
Ante este
escenario vale la pena recordar que no solo de pan vive la gente y no será un
héroe el que podrá resolver todo… La convergencia de ideas y acciones es la
característica más resaltante del acto político, donde lo repito, el
protagonista es la sociedad.
Lcda. Lelimar
Narváez
Politólogo
Twitter:
@lelimarnarvaez
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